Por: María Luisa de Francesco

Experta en Literatura infantil y juvenil

Experta en animación de lectura y escritura

Escritora uruguaya, autora en Ed. Tiempo de Leer

 

Desde los años noventa, aproximadamente, se han dado diversos nombres a las también diversas estrategias que se utilizan para que el otro, generalmente un alumno/a, lea. El juego, o lo que llamamos juego, la lectura en voz alta, las narraciones orales, técnicas varias, fueron surgiendo en los salones de clases y ganaron espacios. Comienzo siempre por esta temática que se ha hecho una constante en mi labor como dinamizadora de lectura y que llevo ejerciendo por más de treinta años sin interrupción.

Las palabras se ponen de moda, se usan y pierden efecto en ese desgaste cotidiano. Habría que ver qué significa animar a leer. Habría que ver porqué necesitamos estimular a los otros a leer. Habría que definir el rol de la lectura y también el de la animación. Pero vamos de a poco ya que pretendo, a lo largo de algunas notas como esta, contarles lo que he averiguado en tantos años de formación como animadora de lectura.

Cuál es el rol de la lectura. Creo que es la clave de este artículo y de todo lo que iremos develando paso a paso. Nadie, absolutamente nadie, se ofendería si descubren un lector/a en su familia, todo lo contrario, se sentiría hasta orgulloso. Una casa con libros significó una casa llena de cultura. Un libro fue, es, un artículo relacionado directamente con el valor del intelecto y por ende, con la inteligencia. El rol de la lectura parece, cada día más, como decía Alberto Manguel, tan necesario como respirar.

Y sin embargo, por qué resulta que eso tan necesario como respirar necesita animadores. Nuestros pulmones no necesitan estímulos externos para procurarse el aire, salvo casos de enfermedades severas.

Entonces me dirán: es que se lee menos, es que la TV, es que la computadora, es que los celulares, Internet y mil cosas más, han desmejorado la lectura. Pero no estoy segura de eso. Cada año asisten más personas a las Ferias del Libro que se han transformado en Mega Eventos. Las Ferias de Libros Infantiles se han separado de las de libros para adultos por los volúmenes que ocupan. Sus estantes crecen, sus autores suman. Entonces quién lee los libros para niños. La industria Editorial no está navegando en su mejor momento, me dirán, pero sin embargo, las grandes Editoriales han comprado y siguen comprando Editoras más pequeñas. Será para perder dinero entonces. No me cierran las cuentas.

Creo que el rol de la lectura ha aumentado su poder: hoy es más necesario que nunca leer pero también creo que han cambiado las formas de lectura y que al contrario de lo que todos opinan, creo que se lee más que nunca.

Eso no quiere decir que se lee lo que yo creo que se debería de leer. Pero se lee y mucho, se lee antes, los niños pequeños aprenden a decodificar signos a muy temprana edad y el manejo de la tecnología, nos guste o no, son formas de lectura y escritura que se digitan desde la Primera Infancia.

Pero me sigo preguntando, entonces por qué cada vez necesitamos más animadores, dinamizadores de lectura. Si la lectura es el pan de cada día. Creo que también presenciamos un conflicto de intereses entre la lectura en papel y la lectura digital. Creo que tal vez hay formas emergentes del lenguaje naciendo a cada instante de los teclados de distintos aparatos que unidos a una Red casi infinita, se apropian de códigos y procuran otros lectores, escritores, traductores.

Pero sí se lee. El tema es qué y cómo. Y a los que nos unimos a la lectura en la vieja escuela de decodificación del signo escrito, para quienes el analfabetismo se basó en no poder escribir y entender una frase simple, es imposible que esto de hoy, resulte lectura.

No es mi intención levantar una polémica. Lo que pretende es refrescar la lectura como objeto de papel con pequeños aportes que intentaremos sean de muy buena calidad.

Opino que la lectura tiene un rol cada vez más significativo en la realidad actual y que la tecnología también forma parte de la alfabetización y del poder leer. Pero sé que el camino es el libro de papel, el táctil, al que se dan vuelta las hojas; el contacto físico con el libro produce un desarrollo de muchos sentidos que las pantallas apagan. El olfativo, el gustativo, el desarrollo motriz, y sin dudas, el romanticismo propio de quienes aún pensamos que el texto en papel no debe perecer. Aun sabiendo que ese texto en papel nos contamina bastante y nos va dejando sin árboles.

Pero queremos esto, libros de papel, porque hemos sido formados con ellos y los hemos gozado. Las editoriales digitales nos resultan sospechosas o costosas y nunca será lo mismo, nuestra romántica e idealizada infancia tenía aroma a libros de papel cómo renuncia a ellos. No soy persona que pueda responder todas las respuestas, mi vida ha pasado entre libros y entre ensayos sobre este tema esencial, qué es y por qué necesitamos animar a leer. Creo que así como se cierran puertas siempre se abrirán ventanas, creo que las tecnologías no son el demonio de la lectura, creo que aportarán nuevos elementos porque la lectura no puede morir, como tampoco nuestra raza. Sin optimismo, sería imposible sostener la vida en este planeta tan pero tan averiado.

Quería expresar que a pesar que he inventado o reinventado muchas técnicas de animación de lectura como Susurradores, tendederos literarios, picnic literarios, sueltas de libros, lecturas callejeras, bicicleteadas literarias, maratones de lectura, concursos de poemas, concursos de poesías, concurso de ilutraciones, museo del cuento clásico, museo del cuento quijote, y otros tantos que ya son muchísimos, sigo pensando en la lectura expresiva y la narración oral como los más importantes.

Pero sigo pensando que ambos, la lectura expresiva y la narración oral son muy diferentes y que sin embargo requieren algunas cosas similares:

Amor por la lectura o la narración y gusto para elegir solo lo que me gusta. Creo firmemente, repito después de más de 30 años como animadora de lectura, que es el mejor camino. Quiero leerles una entrevista que me realizaron desde Argentina sobre el tema: Importancia de la Narración oral

Desde tiempos remotos contar historias es una profesión. Juglar, poeta, trovador,  cantor, declamador, recitador. Infinidad de nombres, infinidad de estilos, un mismo acto: la comunicación a través de la escucha de cuentos, fábulas, historias reales y fantásticas, chistes, romances…

Hoy en día no se encuentran estos maestros en plazas, mercados e iglesias, sino que se pueden ver en cafés, teatros, bibliotecas, escuelas, ferias culturales. Estas palabras de Raquel Fernández vienen bien para comenzar a decir y decirnos cuál es la profesión y qué vigencia tiene.

“El narrador tuvo su auge en el pasado, cuando todo se contaba, tuvo una leve muerte en el nacimiento de las comunicaciones, que a su vez, le permitieron reencarnar. Volver a nacer con otras luces, con otros brillos. El narrador del S XX hace su entrada triunfal al mundo del espectáculo. Lo casero deviene en show, profesionalismo”.

¿Es lo mismo narrar que leer?

No, no es lo mismo. El narrador necesita dominar la escena, necesita el contacto visual permanente y necesita LIBERTAD TEXTUAL. El narrador necesita atrapar la esencia del relato, hacerlo suyo para poder contarlo a otros. No se ajusta a la lectura, se retira de ella para hacerla parte de su osada forma de decirla. El alma del relato será su voz, el relato tendría incluso, veinte formas diferentes, el narrador reinventa un relato cada día.

¿El narrador oral es un actor?

No, no es un actor. Es un narrador y por tanto, su relato es lo más importante. Cuenta vivencia de otros, cuenta vidas ajenas, se remonta al viejo tiempo donde contar era todo lo que se tenía para poder llegar a comunicar. No hará cabriolas en escena, pero las detallará, no volará cuál mariposa pero deberá tener alas para mostrar. No se actúa, se narra. Sin embargo, hay en el profesionalismo de la narración oral un toque teatral, sin dudas. Pero el actor vive la vida de otro, el narrador cuenta cómo vive el otro. El actor debe caerse en el escenario, el narrador contará como fue la caída.

¿Narrador se hace o se nace?

Existen cursos y formas de llegar a ser un narrador. Lamentablemente en nuestro país tenemos pocas escuelas de narración. Por no decir sólo en Montevideo. Creo haber dictado algunos cursos en Salto, por lo cual, me considero en paz con mi vocación. Recientes estudios han revelado que narrador se nace. Yo supongo que tiene mucho que ver con la empatía. También supongo que con la lectura. Y sin dudas con la familia. Para mí es una especie de combo: empatía, lectura, familia. Sí se necesita poder dominar la escena. Eso también lo necesita un actor pero el narrador deberá entretener y proponer, sobre todo lo último, que el público imagine. No es poca cosa.

¿En la sociedad actual qué vigencia tiene el narrador oral?

La máxima. En una sociedad donde la comunicación se ha tecnificado el narrador recupera la voz y la coloca ahí, en los cotidiano, en los fantástico, en el pasado o incluso en el futuro. Tiene presencia familiar, por más luces y brillos que se coloque, porque la presencia humana, no puede ser remplazada. Hay un grupo de abuelas que cuenta cuentos por Skype a sus nietos, comenzaron con los propios, hoy es un negocio. Otros niños escuchan cuentos por la computadora. He dicho muchas veces que de cuenta cuentos todos tenemos un poco, póngase usted a escuchar un relato de qué sucedió ayer en la peluquería y verá si la persona involucrada en el mismo mueve las manos, agita la cejas, y gesticula, levanta la voz o incluso, hace una pausa.

¿La narración oral es animadora de lectura?

Tal vez no lo sea en forma directa como sí lo hace el lector que sale al público con el libro en la mano. Pero si el narrador es profesional dirá título y autor, incluso algunos llevan el libro en la mano aunque no lo leen. El auditorio siempre comprenderá, por más pequeños que sean, que el narrador ha leído muchos cuentos.

¿Qué valor tiene la narración oral entre niños y jóvenes?

Es un vínculo excelente. Funciona desde la primera infancia y hasta la adolescencia. En mi hacer como narradora se lo atribuyo a la libertad del narrador, es una charla, una conversación, nos cuentan cosas. Y le da otro aire, más íntimo y menos apretado. Creo que narrar es un acto de amor. Sin dudas. Recordemos siempre las palabras de Galeano cuando decía que Sherezade había sido la mamá de los cuentacuentos, y que el arte de narrar nació del miedo a morir. Creo en eso. Creo también en la declaración de la UNESCO que declaro a la narración oral: PATRIMONIO INTANGIBLE DE LA HUMANIDAD.

Antes de finalizar quiero recordarles que la lectura placentera no requiere más nada que el placer. Y leer para despertar placer ya es una enseñanza en sí misma, no se planifiquen metodológica y pedagógicamente para tanto si ustedes, con un libro, con un cuento, despiertan amor y respeto por la lectura, además enseñaron lo que es el placer de ese viaje llamado leer, ya dieron su máximo como pedagogos. No se pidan más.

Conferencia dictada en el Seminario

sobre animación de lectura.

Organizado por la Editorial tiempo de leer.

Bogotá, Colombia. Mayo de 2018